lunes, 15 de agosto de 2016

EL GENERAL PATTON DEVELÓ LA VERDAD SOBRE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, Y FUE ASESINADO POR ELLO

Descendiente de pioneros norteamericanos, el general George Patton consideraba al nazismo como un mal satánico. Al menos eso era lo que él había oído decir a propagandistas, periodistas y hombres de estado.

George S. Patton
  
Llegó a Alemania odiándola. Creía que los nazis debían ser castigados. Fue entonces cuando una granjera alemana que vivía en la vecindad de su cuartel general, acertó a cruzarse en su camino y durante una conversación casual le contó las cosas que ocurrían detrás de “la villa del comandante”, o sea la casa de general.
  
La granjera describió cómo la leche destinada a las ciudades era vaciada en las calles por la policía militar por orden de los muchachos de Henri Morgenthau; cómo, no ya los nazis sino los soldados alemanes comunes eran detenidos en atestados campos de internación simplemente porque cumplían con su deber; cómo los trabajadores habían sido expulsados de sus casas a causa de los sentimientos vengativos de los antiguos huéspedes de los campos de concentración, y cómo los médicos judíos en los hospitales recomendaban que cada cuarto bebé recién nacido fuese muerto con una inyección porque no había suficiente leche.
 
El general Patton se dirigió entonces como caballero andante medieval, para comprobar con sus propios ojos si la historia de la campesina alemana era verdadera o no. Sin manifestar su rango, con uniforme de soldado raso, recorrió gran parte de ese infierno: las prisiones, los campos de internación y los de las prisiones, en donde comprobó por si mimso que aquellos que torturaban a los alemanes y que enseñaban la teoría de la culpa colectiva y pregonaban el castigo colectivo no eran precisamente muchachos norteamericanos.
  
A partir de ese momento los oficiales del ejército de los Estados Unidos recibieron órdenes estrictas de dar suficiente alimento a los prisioneros de guerra, ya medio muertos de inanición, y se les prohibió derramar en las calles la leche destinada a los bebés.
  
El general Patton no estaba preparado para llevar a cabo el plan Morgenthau, aunque había luchado por Estados Unidos... y sin sospecharlo, para otros. Pero había otro general dispuesto y deseoso de cumplir con dicho plan: su nombre era Dwight Eisenhower.

En Checoslavaquia, en 1945, los tanques del general Patton habían penetrado hasta Pilzen, a 50 kilómetros de Praga, pero Eisenhower les ordenó que se retiraran. Todo el país fue abandonado para que lo ocuparan las tropas comunistas. El general Sergei Bunyachenko, ruso anticomunista, encabezaba 23.000 soldados rusos que no quería regresar a la URSS, y al saber el repliegue de Patton se retiraron tras él. Pero Eisenhower ordenó que fueran entregados a la URSS. Muchos se suicidaron.
  
El militar ruso Andréi Vlásov, ex comandante del 2º ejército soviético había combatido un año contra los alemanes. Luego fue derrotado y capturado. En Alemania formó unidades rusas de voluntarios y al terminar la guerra se presentó al cuartel del general Patton, comandante del tercer ejército norteamericano, a pedir asilo. El general Patton gestionaba que a los rusos anticomunistas no se les obligara a regresar a la URSS. Entonces Eisenhower le dijo que le enviara al general Vlasov a su cuartel general, pero en el camino fue entregado a la NKVD. Poco después lo degollaron en la URSS y pasearon su cabeza clavada en un palo.

En el territorio alemán no ocupado por los soviéticos había cinco millones de rusos que no quería regresar a la URSS. No solo eran prisioneros, sino familias enteras, madres e hijos. Eisenhower le ordenó al general Alexander Patch, comandante del 7º ejército, que entregara a todos esos rusos al Ejército Rojo.
 
Al general Patch le pareció aquello tan cruel que le pidió a Eisenhower que le diera dicha orden por escrito. Y Eisenhower le ordenó el 20 de diciembre de 1945: “Todos los ciudadanos soviéticos deben ser repatriados sin preguntar si lo desean, y usando en caso necesario la fuerza”.
  
En muchos casos, efectivamente, fue necesario usar tanques contra aquellos desventurados que se negaban a regresar al paraíso comunista.
  
El general George S. Patton era uno de los militares más distinguidos de Estados Unidos. Interpretando el sentir de muchos compañeros suyos, reprobó esa extraña complicidad con el marxismo, y dijo:
“Yo me sorprendo de los que dirían los muertos cuando supieran que por primera vez en siglos nosotros hemos abierto la Europa central a las fuerzas de Gengis Kahn. Yo me pregunto cómo se sentirían ellos ahora al saber que no habrá paz en nuestros tiempos y que los americanos, aun los no nacidos todavía, tendrán que pelear con los soviéticos mañana, o diez, quince o veinte años a partir de mañana”. 
   
El general Patton se opuso a los abusos cometidos a nombre de su patria, y amenazó públicamente con traspadarse a América y hacer oír su voz al verdadero pueblo americano, informándole las infamias cometidas a la sombra de la bandera americana.

No era posible condenar al “caballero de las divisiones blindadas” en Nuremberg, y por lo tanto se condenó a Patton entre bambalinas, y se lo sentenció a muerte. Pero las personas que lo juzgaron eran las mismas que habían condenado a los líderes alemanes en Nuremberg.
  
A pesar de que el hecho ha sido acallado, hoy es bien sabido que, por orden de los agentes de la C.I.C. (Counter Intelligence Corps), un automóvil “norteamericano” chocó al del general Patton. Como resultado de ese “accidente”, el general Patton quedó herido. El general fue trasladado rápidamente a una ambulancia, pero con tanta mala suerte, que camino al hospital la ambulancia fue “accidentalmente” embestida por un pesado camión “norteamericano”, y esta vez murió el general. En ese momento algo desapareció de su bolisillo: algo que los “ganadores de la guerra” temian, y con mucha razón:
¡Tengo un pequeño libro negro!” –había dicho el general-, “y cuando vuelva a los Estados Unidos haré explotar la bomba”.
  
Fuentes: El pequeño libro negro del general Patton y Extraña muerte del general Patton, tomados de LA GACETA FEDERAL (Argentina).

7 comentarios:

  1. Respecto a los soldados que no querían regresar a la URSS, un caso idéntico fue el de los cosacos del Don que habían peleado a las órdenes de Von Pannwitz. La diferencia es que la entrega a la URSS la hicieron ¡cuándo no!, los británicos. Esto figura en el libro "Miguel Krassnoff, prisionero por servir a Chile", de Gisela Silva Encina.

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  2. Aparte debemos tener en cuenta la negociociones con Hitler, para su fuga a Argentina, via España, y se puede deducir que el Gral Eisenhower debio tener conocimiento de este "arreglo".

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    1. Afirmativo, el trato se hizo entre el General Franco y el Gobierno de EEUU.

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  3. Celso Noval, menciona la fuente de donde sacas esa información..

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  4. Estoy convencido que el que gana la guerra escribe la histori

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  5. -Papá, ¿qué es un criminal de guerra?
    -Criminal de guerra es el que pierde, hijo, ¡el que pierde!

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  6. Mira vos a los yanquis, con tal de guardar sus secretos son capaces de matar hasta a un presidente

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